Un pasaje sin límites

Escena del cortometraje "Gateway to Sedona"

escrito por Ronnie Camacho Barrón

    Jamás había conocido a alguien como tú. Usualmente la mayoría sale corriendo cuando me ve, pero tú eres distinto. En lugar de huir, te emocionaste por mi presencia e, incluso, me has invitado a tu casa a beber unas cuantas cervezas.

    Me agradas. Eres el primero que no solo se ve como yo, sino que también me recuerda a mí cuando era más joven.

    —Entonces, ¿vienes de otra dimensión? ¿Cómo fue que llegaste aquí? —preguntas con la inocencia de un niño.

    —Fue con esto —sin temor alguno, coloco sobre la mesa al artefacto que me trajo hasta aquí.

    —¿Qué es esa cosa?, parece un viejo micrófono con dos cabezas —comienzas a estudiarlo.

    —“Esa cosa”, se llama Frecuenciador.

    —¿Cómo funciona?

    —¿Ves las dos cabezas de micrófono? —asientes—. Ellas absorben las partículas de dos dimensiones distintas y por medio del sonido, crean un conducto seguro por el cual puedo cruzar de un mundo a otro.

    —¡Increíble, ¿puedo ver cómo funciona?!

    —Claro.

    No debería, pero tu optimismo se me contagia. Con el frecuenciador formo un pequeño portal del tamaño de una ventana para que puedas ver en su interior.

    Maravillado, observas lo que hay del otro lado un universo donde las estrellas son seres vivos y están hechas de luz y cristal.

    —Wow —te quedas sin aliento hasta que el portal desaparece.

    —¿Te gustó lo que viste?

    —¡Me fascinó! ¡¿Cuántos mundos hay?!

    —Su número es infinito y cada día sigue aumentando. Podríamos vivir un millón de vidas y aun así, nos faltaría tiempo para visitarlos todos.

    —¿En serio? ¿Cuántos has visitado tú?

    —Cientos. He viajado a un mundo donde el meteorito que mató a los dinosaurios jamás existió y estos se desarrollaron hasta evolucionar en una especie inteligente; tierras donde la magia es real y es la fuerza más poderosa del universo, y realidades post apocalípticas donde los muertos vivientes se arrastran sobre la faz de la tierra en busca de seres vivos para comer.

    —¡Eso suena asombroso!, imagino que tu mundo ha de ser igual de genial.

    Sin darte cuenta, has tocado una fibra sensible.

    —No, mi mundo ya no existe.

    —¿Qué le pasó? —por la expresión en tu rostro veo que tu preocupación es sincera.

    —En mi realidad, la ciencia lo era todo y por ello, los descubrimientos que a otros universos les tomaría siglos realizar, a mi mundo solo le costó décadas. Fue así como resolvimos el enigma de viajar entre dimensiones, creamos los frecuenciadores y… —me interrumpes.

    —Eso no suena tan mal.

    —No he terminado. —Le doy un trago a mi cerveza antes de continuar—. Habiendo resuelto todos los secretos de nuestros mundo, decidimos usar a los frecuenciadores para tratar de resolver los misterios que escondían los demás. Pronto nos convertimos en viajeros interdimensiónales y con cada una expedición, trajimos objetos de otros mundo al nuestro hasta el punto de que mi tierra se convirtió en un collage repleto de objetos de otras realidades. Jamás pensamos que eso llevaría nuestro mundo a su fin.

    —¿Cómo ocurrió?

    —El uso excesivo de los frecuenciadores y los miles de objetos traídos desde otras dimensiones crearon un daño irremediable en el tejido de mi realidad y nuestro universo colapsó debido a ello. Desde entonces mi gente comenzó a trasladarse de un mundo a otro, pero ya no como viajeros, sino como refugiados sin un lugar al que volver.

    —Lamento escuchar eso.

    —No lo hagas. Con el tiempo descubrí que aquella tragedia en realidad era una gran oportunidad.

    —Ah, ¿sí?

    —Sí. Quizás mi mundo ya no existía, pero ahora tenía la oportunidad de poder acoplarme en muchos más, vivir distintas vidas, en diversos universos donde otras versiones de mi existan.

    —¿Es por eso que viniste aquí?, ¿quieres vivir conmigo?

    —No, quiero tu vida.

    —¿Qué cosa?

    —Por mucho que me gustaría vivir contigo, dos versiones de un individuo no pueden coexistir en una dimensión al mismo tiempo o, de lo contrario, está colapsaría. Por lo que, si yo quiero quedarme aquí, tú tendrías que irte.

    —¿Y a donde me iría? ¿Me obsequiaras tu maquina transportadora para que ahora sea yo quien viaje por el universo?

    —Debo admitir que esa es una propuesta interesante, pero si te diera mi frecuenciador, ¿cómo podría continuar viajando yo?

    —¿Entonces qué pasará conmigo?

    —Tranquilo, pronto ya no tendrás que preocuparte por eso.

    —¿Eso qué significa? —Para responder a tu pregunta señalo a tus pies y lo que miras te deja pasmado—. ¡¿Qué está pasándome?! —Tratas de levantarte, pero para este punto tus piernas se han desintegrado por completo.

    —Mientras charlábamos te disparé con este laser devorador de materia. No te preocupes, es un proceso indoloro y cuando termine no quedará nada de ti. Será como si nunca hubieras existido.

    —¡Cabrón! —Pretendes lanzarme un puñetazo, pero la desintegración ha llegado hasta tu cuello y en cuestión de segundos, te veo desaparecer por completo.

    Es una pena. Eras una de las pocas versiones de mí que en verdad me agradaba, pero bueno, al menos ahora tengo otro destino y una nueva vida agregada a mi pasaje.

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  ➤ Ronnie es un escritor mexicano que ha colaborado en múltiples revistas y blogs tanto nacionales como internaciones. Algunas de estas son:
  • “Mis queridos padres” (2019) Revista Awita de Chale
  • “Entre nosotros” (2020) No. 5 de la Revista Clan Kutral (Chile)
  • “La luz” (2020) Clan de letras de la Editorial Elementum 
  • “La crónica Jiménez” (2021) Revista Literatura.si (Eslovenia)
  • “El guardián” (2022) No. 38 de Pretextos literarios 
  • “Dulce venganza” (2023) Revista Papenfuss (España)
  ➤ Pueden encontrarlo en Instagram y Facebook.

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